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Costa Rica: un país de máscaras y de calmas pasiones

Radio La Primerísima | 12 febrero de 2006

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Costa Rica: un poco de historia

Por Gustavo Robreño Díaz, uno de los más destacados periodistas cubanos. ARGENPRESS.info

Contrario a lo que su nombre indica, Costa Rica era, a la llegada de los colonizadores, la región más pobre de Centroamérica. Fue bautizada así por Cristóbal Colón, ante la suposición de que en su vertiente atlántica abundaba el oro. Sin embargo, no solo resultó inexistente el codiciado metal, sino que la presencia indígena era además escasa.

No surgió allí, como en el resto de Centroamérica, una poderosa clase latifundista amparada en los servicios de una incondicional casta militar. De hecho, Costa Rica no contó con un ejército colonial desplegado en su territorio.

Posterior al proceso independentista centroamericano de 1821, Costa Rica pasó a formar parte del imperio mexicano y en 1824 se integró a las Provincias Unidas de Centroamérica, cuyo gobierno se ejercía desde Guatemala. Con la disolución de la república confederada, en 1838, se creó una situación de inestabilidad política en el país, que desembocó en el fusilamiento en San José de su ex presidente, el general hondureño, Francisco Morazán.

La más importante guerra en la historia costarricense tuvo lugar en 1856, cuando el aventurero norteamericano William Walker, con la anuencia de Estados Unidos, fue nombrado presidente de Nicaragua y se propuso anexar a su gobierno las repúblicas centroamericanas. Las tropas costarricenses cruzaron la frontera e iniciaron una violenta ofensiva en cuyo más famoso combate, próximo a la ciudad de Rivas, al sur oeste de Nicaragua, el soldado Juan Santamaría, en una temeraria acción, prendió fuego al edificio en que se ocultaban las fuerzas de Walker. Santamaría fue distinguido con los máximos honores militares y con el decursar del tiempo, se convirtió en el héroe nacional de Costa Rica.

En medio de la ofensiva, un incontrolable brote de malaria hizo mella en las fuerzas costarricenses, de tal manera, que estas tuvieron que regresar a su territorio, llevando la epidemia consigo, que se calcula costó la vida en el país a más de 10 mil personas. Para finales de 1856 fue lanzada una nueva ofensiva, esta vez por fuerzas combinadas de Costa Rica, Guatemala, El Salvador y la propia Nicaragua, ante cuyo avance indetenible Estados Unidos se vio obligado a enviar un buque en rescate de Walker.

Hacia finales del siglo XIX, y como medida preventiva ante la inminente secesión panameña de Colombia, con la que ya Costa Rica mantenía un diferendo por la región de Coto, en la vertiente pacífica, se constituye una incipiente Armada. La naciente república ocupó el área en litigio y la reconoció como parte de su territorio nacional. Costa Rica amenazó con desalojar por la fuerza a los panameños, pero la intervención de Estados Unidos, que virtualmente ocupaba la nación istmeña desde 1903, forzó a Panamá a evacuar la región.

A mediados de la década del 30, se acrecentó la influencia política y económica de Alemania en el país, desplazando a Inglaterra como principal importador de café costarricense. Al igual que el resto de los mandatarios centroamericanos de ese momento, el presidente León Cortez Castro (1936-1940) mostró claras simpatías por la ideología fascista, que tomaba fuerza en Europa. Sin embargo, posterior al ataque japonés a Pearl Harbour, en 1941, Estados Unidos instó a todos los gobiernos centroamericanos a declararle la guerra al eje fascista y confiscar las propiedades e inversiones de empresas y ciudadanos alemanes.

La sublevación de 1948

En 1948, el gobierno de Teodoro Picado Michalsky desconoció los resultados de las elecciones presidenciales, que habían dado la victoria a la oposición, provocando un alzamiento que devino una guerra civil. El ejército movilizó 500 efectivos, mientras los rebeldes; inspirados en las prédicas socialdemócratas de José Figueres y comandados por el dominicano Miguel Ramírez; llegaron a reunir alrededor de 800 hombres.

Una de las primeras acciones de las fuerzas gubernamentales fue bombardear los reductos insurrectos empleando para ello aviones comerciales, ante la carencia de aviación militar. Los sublevados incautaron con iguales fines tres aviones de la línea aérea TACA.

La ofensiva oficialista cumplió el objetivo inicial de forzar a los sublevados a retirarse de sus posiciones. Sin embargo, el apoyo brindado a los rebeldes por el presidente guatemalteco, Juan José Arévalo, les permitió introducir desde ese país gran cantidad de material bélico. Paulatinamente, la iniciativa fue pasando a manos de los rebeldes, cuyas sucesivas victorias culminaron con la toma de la importante ciudad de Cartago, en el centro del país. La denominada "Legión del Caribe", formada por exiliados procedentes de diversos países de Centroamérica y el Caribe, tomó la ciudad portuaria de Limón, en la costa atlántica.

Estados Unidos no era ajeno a lo que pasaba en el país y mantuvo en las aguas del caribe costarricense una flota de varios buques, presta a respaldar a Figueres, en caso necesario. De igual forma, varias unidades de las que Estados Unidos mantenía acantonadas en la Zona del Canal de Panamá, permanecieron listas a intervenir en favor de los sublevados. Las derrotas en el campo militar y las presiones por parte de Estados Unidos, condujeron a la capitulación del gobierno a solo dos meses de iniciadas las hostilidades que no, obstante la brevedad, cobraron al país la elevada cifra de dos mil muertos.

El fin de las instituciones armadas

Terminada la disputa, asumió la presidencia por un año una junta provisional –liderada por Figueres– cuya más importante decisión fue la disolución del ejército y la aprobación de una resolución constitucional que prohibía la conformación en el futuro de un nuevo cuerpo armado.

Para muchos, fue un acto más simbólico que con pretensiones de desarme real. Con gran despliegue publicitario Figueres cambió en Estados Unidos las armas del Ejército por seis tractores, pero paralelamente formó la Guardia Civil, compuesta inicialmente por cinco mil efectivos. Dicho cuerpo asumió a la vez funciones militares y policiales, dotándose de equipamiento y armamento apto para el cumplimiento de misiones de carácter táctico, propias de una fuerza de infantería, pero subordina al poder civil. Para finales de la década del 60 la Guardia Civil contaba con 2.500 efectivos. En 1969 se vio complementada con la creación de la Guardia Rural y en 1973 se creó la Organización de Investigaciones Judiciales (OIJ), que pasó a cumplir funciones de policía política.

Se rompe la neutralidad

Con la abolición de las Fuerzas Armadas, Costa Rica confió, más que en las instituciones civiles y las leyes, en que sus buenas relaciones con Estados Unidos serían suficientes para protegerla de enemigos externos.

Parecía que la victoria sandinista de 1979 haría desaparecer la rivalidad entre Costa Rica y Nicaragua. Sin embargo, las viejas rencillas se alimentaron en la misma medida en que Estados Unidos implementó su política de "guerra sucia" contra la revolución nicaragüense.

La decisión norteamericana de impedir a toda costa la consolidación del proyecto revolucionario nicaragüense se tradujo en permanente presión política y económica para Costa Rica. Entre 1982 y 1984, las organizaciones contrarrevolucionarias, Alianza Revolucionaria Democrática (ARDE) y Fuerza Democrática Nicaragüense (FDN), llegaron a concentrar en la frontera norte de Costa Rica más de 1.500 efectivos.

Washington no cesó de presionar a los sucesivos gobiernos costarricenses para que diesen más libertad de acción y apoyo logístico a los grupos irregulares que operaban desde su territorio. En correspondencia con ello, la actitud de las fuerzas del orden –Guardia Civil y Guardia Rural– fue ambivalente, ya que muchos oficiales de ambos cuerpos simpatizaban o cobraban elevadas sumas por sus favores a los "contras".

La actuación de las bandas armadas en el período fronterizo provocó reiterados incidentes entre las autoridades costarricenses y el Ejército Popular Sandinista, tensando por momentos al máximo las relaciones entre ambos países. Uno de los choques más violentos ocurrió en junio de 1985, cuando una patrulla de guardias civiles costarricense fue atacada desde territorio nicaragüense. Inmediatamente el gobierno sandinista denunció que se trataba de una provocación orquestada por la "contra".

La participación de EEUU

Inconforme por la falta de efectividad de Costa Rica en el enfrentamiento al gobierno revolucionario de Nicaragua, Estados Unidos optó por actuar de forma más ofensiva y directa. Con el pretexto de acometer obras de carácter humanitario, envió a Costa Rica mil efectivos, con la misión de construir en la región norte del país; puentes, carreteras y toda la infraestructura necesaria para facilitar el acceso de tropas y medios de combate a Nicaragua.

A su vez, Costa Rica comenzó a recibir lotes de armamento norteamericano. En 1985, el país adquirió cientos de ametralladoras M-60, dos helicópteros Hughes-500, dos aviones Cessna 206 y dos lanchas patrulleras. Además, 24 instructores norteamericanos (Boinas Verdes) impartieron entrenamiento a 750 guardias civiles en la base de Los Murciélagos, 20 kilómetros al noroeste de San José. En marzo de 1986, llega a Costa Rica un segundo grupo de tropas ingenieras norteamericanas para acometer trabajos en el mejoramiento de importantes caminos en la planicie de San Carlos, limítrofe con la ribera sudeste del lago Nicaragua y la desembocadura del Río San Juan.

Observadores locales manifestaron entonces que las vías recién alistadas podrían ser empleadas por Estados Unidos para el transporte de tropas y pertrechos, desde la Zona del Canal de Panamá hasta el teatro de operaciones nicaragüense, a través de Costa Rica.

En el contexto de las investigaciones por el escándalo "Irán-Contras" se pudo determinar que uno de los principales artífices en la venta de armas a Irán para financiar la contrarrevolución nicaragüense, el Teniente Coronel Oliver North, era huésped recurrente en Costa Rica.

Bajo el paraguas de Washington

La carencia de Fuerzas Armadas y de un escalón de mando debidamente estructurado, tanto en la Guardia Civil como en la Guardia Rural, no incentiva entre los costarricenses la vocación militar. Sin embargo, la opción de contar o no con instituciones armadas tiene seguidores y detractores. Para algunos, resulta más conveniente tener Fuerzas Armadas propias que estar eternamente bajo el paraguas defensivo de Washington y pagar el precio político que ello implica.

En la práctica, las dos fuerzas que se han alternado el poder en los últimos 25 años, –Partido Liberación Nacional (PLN) y Partido Unidad Social Cristiana (PUSC)– han designado a los altos mandos de ambas instituciones atendiendo a compromisos políticos. En estos momentos, la Guardia Civil cuenta con, aproximadamente, 4,500 efectivos, distribuidos en siete Comisarías Urbanas, seis Comisarías Provinciales, una Comisaría de Policía Táctica y una unidad de Operaciones Especiales. La Guardia Rural está compuesta por 3,200 efectivos, estructurados en ocho comandos. Igual número de efectivos tiene la Policía de Seguridad de Fronteras, asignados a dos Comandos. (Ver nota al pie)

Para la protección de su litoral, Costa Rica cuenta con una Unidad de Vigilancia Marítima, compuesta por 300 efectivos, dislocados en varias instalaciones navales en ambos litorales y dotados de ocho unidades de superficie para patrullaje e interdicción naval. La Unidad de Vigilancia Aérea; que entre tripulaciones, personal técnico y administrativo reúne poco más de 300 componentes, cuenta con ocho medios, entre helicópteros y aviones de pequeño porte, destinados al patrullaje aéreo y transportaciones.

De acuerdo con los datos aportados por el censo del año 2004, la población de Costa Rica se estima en 3,956,505 personas, lo que equivale a una densidad de 78 habitantes por kilómetro cuadrado. El país está dividido en siete provincias que, a su vez, se fraccionan en 28 distritos y 81 cantones. El poder legislativo es ejercido por una Asamblea unicameral, formada por 57 diputados, que son elegidos para períodos de cuatro años y que no pueden ser reelectos de forma sucesiva. El poder ejecutivo reside en un presidente y dos vicepresidente, que se eligen a través del voto popular directo, por períodos de cuatro años. El presidente y los vicepresidentes no pueden sucederse entre sí.

Nota del Editor: Según la embajada de Estados Unidos en San José, "en 1996 el gobierno combinó varias unidades de policía en una sola fuerza pública, que incluye la Policía de Fronteras, la Guardia Rural y la Guardia Civil. La fuerza pública es de alrededor de 9.805 efectivos (se necesita llenar 300 plazas adicionales), sin incluir las fuerzas policíacas municipales, que están bajo el presupuesto y supervisión de cada municipalidad. La fuerza pública posee un Departamento Disciplinario Legal con una Unidad de Asuntos Internos que investiga los cargos formulados contra sus miembros. (…)La administración Pacheco continuó con el desarrollo del Código Policial de 1994 y la Ley de Fortalecimiento de la Guardia Civil del 2001, en un esfuerzo por despolitizar y profesionalizar la fuerza policial. La ley enmendó el Código Policial que reemplazó los rangos militares con títulos civiles, le requirió que la academia policial desarrollara un curso y otorgara un diplomado en administración policial.

El país de las calmas pasiones, por José Steinsleger

Diario La Jornada, de México

La singularidad política y cultural de Costa Rica data de la época de la conquista, cuando chorotegas, caribes, cobicis y borucas impidieron la fácil instauración del sistema de esclavitud llamado "encomienda", evitándose así el dogal de oligarquías feroces como las de Guatemala y El Salvador.

En el periodo virreinal los ticos fueron modelando una sociedad patriarcal integrada por colonos y pequeños propietarios de fincas de café, cacao, tabaco y azúcar, quedando el banano (uno de sus principales productos de exportación) en manos de trasnacionales como la United Fruit.

Tres hechos del siglo XIX forjaron la conciencia nacional costarricense: la resistencia a la balcanización, promovida por Inglaterra; la participación activa en la causa federal, liderada por el hondureño Francisco de Morazán (1823-40), y la victoria militar sobre la Falange de los Inmortales, ejército mercenario del pirata estadunidense William Walker (1856).

Al ensayista Vicente Sáenz (Nuestra América en la cruz, Rompiendo cadenas), al novelista Carlos Luis Fallas y su célebre Mamita Yunai (1941) y al gran periodista y educador Joaquín García Monge debemos los primeros tratados de la Costa Rica profunda, calificada de "Atenas cultural" por el positivismo ingenuo y de banana republic por diarios como el River Times de Washington (1916).

Gobernada desde 1948 con fuerte acento liberal o conservador, según la coyuntura política de los partidos políticos tradicionales (Liberación Nacional, PLN; Unidad Social Cristiana, PUSC), el país centroamericano cumplirá en 2008 seis décadas de estabilidad en las que sus habitantes vivieron relativamente liberados del naufragio institucional de sus pares del continente. De ahí el escaso interés por Costa Rica, país que para los mercaderes de la información carece de "noticias" o "sucesos impactantes".

Sin embargo, en años recientes las organizaciones populares de Costa Rica han dado importantes batallas contra el neoliberalismo impuesto durante la presidencia del magnate cafetalero Oscar Arias (PLN, 1986-90), premio Nobel de la Paz por su gestión en las guerras de América Central (1987).

Vía privatizaciones, Arias facilitó la profunda crisis que en 2004 estalló al más alto nivel institucional, fuera de que el país se convirtió en importante lavador de divisas y trasiego del narcotráfico internacional. Cuatro gobernantes de la "democracia modelo" fueron detenidos o investigados en distintos casos de corrupción: Rafael Angel Calderón (1990-94), José María Figueres (1994-98), Miguel Angel Rodríguez (1998-2002) y el actual y saliente Abel Pacheco.

Otrora "Suiza de Centroamérica", Costa Rica tiene actualmente 21.7 por ciento de su población en la pobreza. Estudios oficiales indican que de 4 millones 100 mil habitantes 5.6 por ciento de los costarricenses viven en la pobreza extrema, 206 mil 680 se debaten en la pobreza y en la miseria se hallan 53 mil 941 familias, habitantes rurales en su mayoría.

A diferencia de la tecnocracia de Chile, los técnicos costarricenses que en 2004 dieron a conocer los resultados de la Encuesta de Hogares definen como pobres a las familias con ingresos por debajo de la línea de pobreza, fijada en 80 dólares al mes en la zona urbana y 63 dólares en la rural.

La crisis y la desconfianza de los jóvenes en los partidos tradicionales condujeron a la formación del heterogéneo Partido Acción Ciudadana (PAC), encabezado por Otón Solís, ex ministro de Planificación de Arias. Acorde con los vientos que soplan, el PAC lanzó la consigna del "gobierno de las madres" (énfasis en lo social) y la renegociación de los tratados bilaterales de libre comercio (TLC) con Estados Unidos, América Central y República Dominicana.

"¡Todavía no se repartan nada!" fue la divisa de los electricistas, empleados del sector publico, privado y del seguro social contra los TLC, adelantando que su aprobación conducirá al país a una "confrontación social insospechada". Por su lado, el analista Juan Carlos Cruz señaló que en las elecciones del domingo pasado estuvo en juego "lo que queda del Estado social de derecho".

Entre las batallas exitosas del pueblo tico figura el desbaratamiento en 2004 de la Internacional Law Enforcement Academy (ILEA, "Academia para el cumplimiento de la ley", sic). Una vulgar escuela internacional de represores, eufemísticamente llamada Academia de Policía de Costa Rica, que en forma de enclave con privilegios de extraterritorialidad Estados Unidos pretendía montar en territorio nacional. Las cláusulas interpretativas del convenio de la ILEA (realizadas por la Comisión de Asuntos Internacionales del Congreso para que fueran incorporadas al texto del proyecto) merecieron el rechazo tajante de Washington, que dio por finalizada sus pretensiones.

Las elecciones… más allá de los sabios oficiales

Por Luis Paulino Vargas Solís, especial para ARGENPRESS.info

Varios han sido los grandes derrotados en la reciente campaña electoral: Oscar Arias y la gran prensa, en primer lugar. En un plano menos evidente, pero sí más significativo, el TLC con Estados Unidos. Y, en el nivel más profundo, la oligarquía financiera; angurrienta, egoísta y apátrida. Y, con ella, su proyecto de sociedad neoliberal, subordinada a intereses extranjeros, polarizada y esencialmente inhumana.

La prensa apostó a perder hasta el último momento y aún al día siguiente de las elecciones. La encuesta a la salida de la urna de Teletica el domingo en la noche, fue epitafio patético para una estrategia de manipulación de la opinión pública que pretendió mantenerse en pie inclusive después de cerradas la votación. El titular de La Nación al amanecer lunes ("Arias confía en la victoria") sacó a flote –sin tapujos ni pudor– lo que bulle en el inconsciente de quienes dirigen y hacen este medio, ¿Arias confiaba en la "victoria" o –en vano esfuerzo de negación de la realidad– La Nación expresaba con desesperación su deseo obsesivo de que tal "victoria" pudiera confirmarse?

En todo caso, hay que decirlo: ya no hay victoria posible para Arias, cosa que, desde luego, jamás entenderá ni La Nación, ni Telenoticias o Repretel, hoy bañados en lágrimas, mientras se lamen sus heridas purulentas. Inclusive si es investido presidente será –como nunca en la historia de este país– un presidente derrotado…irremediable y catastróficamente perdedor. Con los millones de millones dilapidados y sus aires principescos y la inmensa complicidad mediática en que se arropó…hasta con su Premio Nóbel y una Sala Constitucional sumisa ante su megalomanía galopante.

Pero la prensa no cede un ápice. Aunque postrada y maltrecha, aun intenta fingir que "aquí no ha pasado nada". Y para ello cuenta con un ejército de sabios oficiales encargados de justificar lo jamás esperado, en una letanía de lugares comunes y frases cajoneras, trajeadas de gestos doctorales y poses de erudición.

Uno de los notables "descubrimientos" de los doctores mediáticos es que, de aquí en más, se terminaron los partidos. La gente –nos instruyen– simplemente votó por personas. O sea; fue un asunto de simpatía por Ottón o Arias. Falso. Y, por cierto, una muy conveniente falsedad. Intentan lanzar una cortina de humo sobre el problema de fondo. Porque evidenciarlo no es tan solo sacar a la luz la derrota que los arrastra, sino exhibir la ilegitimidad popular de su proyecto neoliberal de sociedad y, con este, la ilegitimidad del TLC.

Los sabios oficiales elucubran elegantes, a ver cómo calman a la plebe soliviantada y tranquilizan el corazoncito maltrecho de los oligarcas. Mas lo cierto es que este ha sido el resultado electoral más ideológicamente determinado que se registra en muchos, muchos años en Costa Rica. A pesar del propio Ottón, tercamente reacio a reconocer que él mismo posee una ideología.

Los que votaron por Oscar Arias lo hicieron por tradición partidaria; por adhesión emocional con el glamoroso "señor–premio–nóbel" y su archimillonaria campaña –inclusive la de "a gratis" con lo que lo gratificaban los grandes medios– y, los menos, por identificación conciente con su programa político de derechas, comprometido con el TLC y los intereses más poderosos y concentrados.

Detrás del voto por Ottón Solís también pesaron diversas motivaciones. La adhesión al PAC como partido o, más probablemente, la confianza en el liderazgo de Solís, o, quizá, la combinación de ambas cosas. Esencialmente porque Ottón logró acertar en el lenguaje que entiende el inconciente colectivo del pueblo costarricense. Esa es la misma razón que explica el fracaso de Guevara y su cuadrilla de choque, quienes, lejos de sus expectativas (y sus millones), terminaron en un oscuro y lejano tercer lugar. Porque para los libertarios no existe una historia ni un legado patrio que respetar, preservar y enriquecer, sino tan solo un proyecto totalitario de abolición de la historia y supresión hasta sus raíces más hondas de toda una concepción –la propia de la nacionalidad costarricense– acerca de la convivencia en sociedad.

Este inconciente, de raíces profundamente patrióticas y democráticas, se ha labrado a lo largo de generaciones, y palpita en un imaginario colectivo que se construye –intuitiva más que racionalmente– alrededor de nociones de justicia social, participación en democracia y control sobre los propios destinos.

Es la misma conciencia democrática que ha animado y sostenido –con apenas dos pesos en el bolsillo– al movimiento social que, hasta la fecha, ha logrado frenar la aprobación del TLC. La misma que –tumultuosa y palpitante– emergió por todos los poros de Costa Rica para frenar el esperpento del Combo ICE.

Cuando al fin Ottón Solís entendió –y bien aprovechado sea para su futuro político y el del PAC– que, más allá de un conjunto de rígidas reglas morales, hay un universo de gentes que –desangradas por la injusticia y la marginación– andan en búsqueda de alguna respuesta valedera para sus vidas, en ese momento, asimismo, empezó a construir canales de diálogo con el inconsciente colectivo del pueblo costarricense.

Eso es lo que, en su momento histórico, hizo grande a Pepe Figueres. Esa ha sido, en cambio, la enorme falla de la izquierda no obstante su compromiso fundamental con el pueblo. Porque no basta tener ese compromiso si no se posee la capacidad para hacerlo inteligible y convertirlo en vivencia real en vez de reducirlo a promesa mesiánica.

Por eso mucho más gente de la que nadie esperaba terminó votando por Ottón Solís. Disimulado tras cancioncitas pegajosas, discursitos perfumados y triquiñuelas mediáticas, el mensaje de Arias era –todo lo contrario– extraño, e inclusive opuesto, a las aspiraciones más fundamentales de este pueblo. Y maliciosa y desconfiada –no en vano han sido tantas las mentiras proferidas– la gente entendió que había gato encerrado.

En cambio, en Ottón el pueblo reencontró un programa que se nutre de nuestra propia tradición histórica, de esas grandes aspiraciones que nutren el alma de esta nación. Y esto es algo mucho más rico y complejo que el solo mensaje moralista.

Contra ese inconsciente democrático –pretendiendo su supresión y aplastamiento– ha estado dirigida la inmensa batería de manipulación y estupidización, que, con el paso del tiempo, adquiere agudizada virulencia. Y, con ello, se ha querido cortar las raíces mismas de la nacionalidad costarricense. El inmenso aparato mediático es pieza central en todo esto. En particular, dos han sido los picos que esta andanada de idiotización ha alcanzado recientemente: la campaña pro–TLC y la campaña para la elección de Arias. Ambas notablemente coincidentes en estilo y contenido. Ambas tendenciosas, sesgadas, manipuladoras. Ambas desplegadas en dos grandes ramales: la campaña "pagada" y la que –en gentil regalo– montan los grandes medios por su propia cuenta.

Esta enorme estrategia de asesinato de la nacionalidad costarricense ha perdido una batalla importantísima. De momento, Costa Rica conserva intacto su inconsciente democrático, su opción por la justicia y la democracia, por una patria soberana. Aún podría haber otro "Combo ICE" que entierre el TLC. Y, de proponérselo, el PAC podría aprender un poco más y leer un poco más profundamente en el alma de nuestro pueblo. Y la izquierda –para viabilizarse como un proyecto pluralista y democrático– podría, también, escrutar con más humildad en ese inconsciente colectivo. Que, por esa vía, quizá PAC e izquierda puedan confluir en la construcción de un nuevo proyecto de sociedad: el de una Costa Rica capaz de hacerse cargo, con plena conciencia y decisión, de su opción por un desarrollo justo, democrático, respetuoso de la naturaleza, integrado con el mundo y, sin embargo, plenamente soberano.

Pausa dominical en el conteo electoral

San José – Los magistrados y los fiscales se tomaron un descanso este domingo en el conteo manual de votos, que reanudarán la mañana del lunes, a fin de saber quién es el vencedor en los ajustados comicios generales del pasado domingo.

Ante el virtual empate en el escrutinio electrónico provisional, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) inició el conteo manual de votos el martes para dilucidar quién es el ganador, el ex presidente Oscar Arias (1986-90), del Partido Liberación Nacional (PLN, derecha) o su ex ministro de Planificación, Ottón Solís, del Partido Acción Ciudadana (PAC, centro).

El conteo de las papeletas transcurrió lentamente durante la semana en la sede del TSE, donde los fiscales del PAC presentaron decenas de reclamos al tribunal, alegando excesiva "rapidez" en el escrutinio, lo que impediría resolver las "inconsistencias" en los datos de algunas juntas receptoras de votos que no fueron debidamente aclaradas.

"Hemos decidido presentar demandas de nulidad, pues en nuestra opinión el conteo manual de votos no ha tenido la calidad suficiente", afirmó el diputado y fiscal del PAC Rodrigo Carazo. El PAC ha presentado cerca de 70 reclamos formales al TSE, afirmaron fuentes de la agrupación.

Por su parte Alex Sibaja, fiscal del PLN, consideró las demandas de nulidad como hechos "normales" en un escrutinio electoral.

Arias y Solís dedicaron las últimas horas a mantener encuentros con grupos de simpatizantes para agracederles el apoyo, y ambos se declararon optimistas del triunfo, pero llamaron a sus partidarios a respetar el resultado que declare el TSE.

El TSE deberá contabilizar los votos de 6.163 mesas electorales, proceso que demorará unas dos semanas, han estimado los magistrados, que cuentan con 30 días para hacer la proclamación oficial. En el conteo electrónico, con cerca del 90% de las mesas contabilizadas, Arias encabezaba la votación con menos de 4.000 votos de ventaja, por lo que el tribunal decidió contar voto por voto para saber quién es el ganador en los comicios más ajustados de los últimos 50 años.



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