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La dictadura mediática

Managua. Por Orlando Núñez Soto, semanario El 19. | 10 septiembre de 2008

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La dictadura militar somocista duró 45 años y fue derrocada por una insurrección armada. La dictadura mediática lleva cerca de 100 años y sólo puede ser superada por la democratización del pensamiento y de los medios de comunicación. ¿Qué es una dictadura? Una dictadura es el monopolio de un recurso en manos de una minoría y en perjuicio de la mayoría. Este recurso puede ser militar, económico, cultural o de cualquier otra naturaleza. La dictadura militar somocista era el monopolio del aparato político militar en manos de una familia: la familia Somoza. ¿Cómo se sustentaba la dictadura militar somocista? A través de la guardia nacional y la pasividad de la mayoría de los nicaragüenses, pero también a través de leyes que prohibían que otras fuerzas participaran en la vía pública. Para el Frente Sandinista, por ejemplo, no había espacio político alguno en Nicaragua. ¿Cuándo y cómo pusimos fin a la dictadura militar somocista? Cuando una parte de los nicaragüenses perdieron el miedo a la Guardia Nacional y decidieron tomar las armas para derrocar al gobierno somocista. En la lucha contra la dictadura somocista participaron diferentes fuerzas sociales y muchos nicaragüenses, en primer lugar el Frente Sandinista de Liberación Nacional, movilizando al pueblo nicaragüense y organizando un gran frente nacional y popular contra la dictadura. Hoy en día la dictadura militar somocista es un asunto del pasado y vivimos un proceso democrático donde todo mundo tiene derecho a organizarse y participar en el proceso democrático de acuerdo a las leyes de la República. ¿Cómo funciona la dictadura mediática? La dictadura mediática es diferente a una dictadura militar. Se habla de dictadura mediática cuando la opinión pública ha sido cooptada desde hace muchos años por el pensamiento de una minoría y cuando sus aparatos ideológicos de comunicación están en manos de esa misma minoría y en contra de los intereses de la mayoría de la población. La dictadura mediática opera neutralizando y deslegitimando a sus adversarios políticos, chantajeando a los gobiernos de turno para que le concedan privilegios, particularmente en materia impositiva y de publicidad. Si otra fuerza política se atreve a criticar a los medios de comunicación, inmediatamente la acusan de estar en contra de la libertad de expresión. Existe verdaderamente una censura inquisitorial en contra de otros intereses que no sean los intereses de los dueños de estos medios de comunicación. ¿Quién ejerce la dictadura mediática y cuál es su proyecto político? En Nicaragua, al igual que en el resto de América Latina, la dictadura mediática la ejerce la casta oligárquica y la llamada aristocracia del saber. Desde siempre estos grupos minoritarios han defendido los intereses de la metrópolis: los valores conservadores de la España colonial, los intereses económicos del imperialismo norteamericano y la ofensiva cultural de la ultraderecha neo-colonial europea, particularmente a favor del capital extranjero. ¿Cómo podemos poner fin a una dictadura mediática? La única manera de ponerle fin a una dictadura mediática es democratizando la opinión pública, lo que se logra democratizando y multiplicando los medios de comunicación. Es una tarea muy difícil, pero no imposible. Difícil porque la opinión pública se basa en valores y creencias cultivadas durante muchos años, incluso siglos. ¿Cuál es la situación actual? Desde hace varios años mucha gente ha dejado de creer que la derecha mediática representa la verdad y la justicia en Nicaragua. Los primeros que han dejado de creer en la derecha mediática han sido los sandinistas, particularmente la gente organizada en el Frente Sandinista de Liberación Nacional; estamos hablando de alrededor del 50% de la población nicaragüense. Existen, además, muchos liberales que ya no creen en el pensamiento neoliberal al servicio de las corporaciones transnacionales. El pensamiento neoliberal le ha dado la espalda a la mayoría de los nicaragüenses, incluyendo a los empresarios nacionales. Hoy en día, son cada vez más las emisoras radiales, los canales de televisión y los medios escritos (revistas, semanarios y mensuarios) decididos a separarse y a desafiar a la dictadura mediática. El monopolio de la derecha mediática comienza a resquebrajarse y a ser despojado de sus privilegios habituales. Cada vez más nicaragüenses hemos perdido de nuevo el miedo y la culpa, esta vez el miedo a la difamación y al chantaje de la derecha mediática. Otras formas de comunicación alternativas se suman a esta gran batalla, en las aulas de clase, en los pasillos de los ministerios, en las aceras de los mercados, en las tertulias, en las asambleas laborales. La historia se repite, cuando una dictadura comienza a perder credibilidad y legitimidad, cuando pierde sus privilegios y cuando se siente acorralada, se vuelve más agresiva y venenosa, desenmascara sus verdaderos intereses, abandona la compostura habitual y sus errores se multiplican. Todo esto le está pasando a la dictadura mediática y a sus aparatos ideológicos. Nicaragüenses, otra gran batalla ha comenzado de nuevo y otro 19 del julio nos espera. Si Nicaragua venció sobre la dictadura militar somocista, estamos seguros que también vencerá sobre la dictadura de la derecha mediática.


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