El intendente de una pequeña ciudad de Mato Grosso mezcla los porotos negros con el arroz y la farofa, y dice: "Somos optimistas porque hicimos las cosas bien, mucho mejor en estos ocho años que en los ocho anteriores, y la gente lo ve. Ahora falta que el compañero Lula le transfiera una parte de su prestigio. ¿Cuánto? Mire, Lula tiene 84 por ciento y ella un 30. Si Lula le da un 21, Dilma, que de por sí está subiendo, llega al 51. Convertimos ese 51 en votos y ya está, ¿qué le parece?".
Dilma es Dilma Rousseff, la jefa de Gabinete de Lula que el 3 de octubre será la candidata del Partido de los Trabajadores, que ayer hizo su primera presentación en el Congreso del PT y dejó una de sus líneas de campaña y de gobierno: "Mi casa, mi vida", el plan para construir seis millones y medio de viviendas.
Después de las ensaladas y antes del mango de postre, los porotos con política fueron el almuerzo autoservice de los 127 invitados internacionales al Congreso y una parte de los 1350 delegados del PT.
Había tema: la primera actividad del Congreso fue una conferencia tripartita de Dilma, el presidente entrante del PT José Dutra y el saliente, Ricardo Berzoini. En el cambio de uno a otro votaron, a fines de 2009, 400 mil afiliados.
La jefa de la Casa Civil, mano derecha ejecutiva de Lula desde 2005, 63 años, economista, describió situación y planes con el detalle de quien hace campaña y a la vez gobierna todos los días.
"En 2003, cuando Lula comenzó su primer mandato, una parte de Brasil vivía aún a finales del siglo XIX", dijo Dilma.
Y agregó: "Antes, algunos pensaban incluso que Brasil sólo podía desarrollarse si ese desarrollo quedaba restringido a una pequeña parte de la población. Es un proceso de raíz profunda: los esclavos tardaron en ser reconocidos como parte del país. Por eso, cuando planteamos la distribución de la renta, nos relacionamos con un proceso histórico muy antiguo: el rescate de la población indígena, de los negros, de las mujeres, de los trabajadores. Logramos una ruptura de calidad, un cambio en la idea de lo que era posible en Brasil".
Para la candidata, la aceleración del crecimiento económico y el impulso a la industria, la agricultura y los servicios se dan junto a la red de protección social, a la elevación del salario mínimo en un 75 por ciento y a la creación de 12 millones de empleos.
Berzoini recordó que, sólo para estar a tono con el crecimiento de la población, Brasil necesita crear un millón doscientos mil empleos por año, y dijo que en los ocho años de Fernando Henrique Cardoso se destruyeron cuatro millones.
Según la candidata, otra diferencia es que cuando habla de proyectos de infraestructura no sólo se refiere a caminos y represas, o plataformas, sino también a la infraestructura urbana y las cloacas. "El Estado mínimo favelizaba y, en cambio, nosotros universalizamos los servicios públicos", dijo.
Sobre el plan de viviendas "Minha vida, minha casa", explicó que las 6 millones y medio de viviendas que faltan -tras haber construido un millón- no son para la clase media sino para los sectores de menores ingresos. "Los que ganan tres salarios mínimos no pueden comprar una casa", dijo. "Esos forman el 90 por ciento de quienes no tienen vivienda. Tenemos que subsidiar la construcción y, en todo caso, que paguen 50 reales por mes si pueden."
Son más o menos 40 dólares. Detalló Rousseff que los planes sociales conectados en Bolsa Familia incluye 50 millones de personas, la mayoría madres de familia, "porque las madres siempre asignan el dinero a los chicos". Dijo que los programas de agricultura familiar llegan a 15 millones e informó que el arribo de la electricidad llevó a dos millones y medio de personas a comprar heladeras. "Cada año colocamos 12 mil millones de dólares en el mercado de consumo", dijo la candidata.
La nave insignia del crecimiento con justicia es, en el aspecto del desarrollo, Petrobras y sus derivados futuros, con Petrosal y la petroquímica. "Petrobras había pasado más de 25 años sin hacer una refinería nueva y ya hicimos cinco; y además, desde 2006, Petrobras descubrió lo mismo que en los 100 años anteriores", dijo Dilma sobre la petrolera brasileña.
Pero aclaró que tratarán de exportar productos petroquímicos, no petróleo crudo, y que una parte de la producción no irá a las empresas sino al Estado para garantizar un fondo de desarrollo social que sirva de apoyo a la innovación tecnológica y la investigación.
"El primer gobierno de Lula fue una precondición para el segundo", historió Dilma. "El 1º de enero de 2003 recibimos un país en una situación extremadamente precaria en términos de la estabilidad macroeconómica, con absoluta vulnerabilidad externa, sin margen de maniobra frente a las crisis internacionales. Cuando había crisis, el gobierno colapsaba. Tuvimos inflación de dos dígitos y descontrol del gasto público. Ahora acabamos de pasar una crisis y no hubo colapso."
Tanto Berzoini como Dutra presentaron a Rousseff como "la futura presidenta de la república, no por exceso de optimismo sino porque vamos a trabajar mucho", en palabras del primero, un bancario que fue cofundador del PT a los veintipocos y debutó en el Ejecutivo como ministro de Previsión Social de Lula.
Uno de los objetivos explícitos del Congreso del PT es lanzar formalmente la candidatura y motivar a la militancia, que en rigor no muestra fisuras y se encuentra hoy incluso en mejor forma que en 2006, cuando el desgaste partidario, reconocido ayer por los propios dirigentes, tuvo que ser remontado con fuerza especial para ganar en ambas vueltas y conseguir el segundo mandato.
La fórmula es militancia y porotos. Y un poco de Lula, que nunca viene mal.
La clave es polarizar
Para el PT, la clave es polarizar. Por un lado, el bloque del Partido Socialdemócrata Brasileño, los tucanos de Cardoso que postulan a José Serra para el 3 de octubre, y los demos, como llaman en Brasil a los conservadores. Según el PT, es el bloque de poder que "quebró tres veces el país y desencantó a los brasileños".
La fuerza de Luiz Inácio Lula da Silva se propone reforzar el bloque que hegemoniza y que incluye alianzas con el centrista Partido del Movimiento Democrático Brasileño. Quiere retener la presidencia y los cinco Estados que hoy gobierna la coalición. En los Estados, su aspiración es que las candidaturas sean unitarias.
La polarización es más explícita aún en quienes ya pusieron en marcha la campaña para galvanizar al PT y evitar que se produzcan fugas por izquierda. En su blog de www.cartamaior.com.br, el sociólogo Emir Sader propone discutir si las elecciones no son, en realidad, un plebiscito. Las respuestas de los últimos días indican que sí.
"Somos los que generamos once millones de empleos y disminuimos la pobreza", dice el documento sujeto a la discusión del Congreso.
El perfil de alianza política y continuidad del crecimiento, el protagonismo brasileño en el mundo y una mayor justicia social es el menú que se ofrece ante la táctica del bloque conservador, que busca aprovechar la diferencia de carisma entre Lula y Dilma y, a la vez, como hizo al principio en Uruguay con José Mujica, subraya el pasado guerrillero de Rousseff en los años ’60. "Guerilheira, comunista e criminosa", es la trilogía demonizante. Criminosa significa delincuencial.
El escollo con el que está tropezando la referencia a la criminalidad es la imagen de José Arruda, el ahora ex gobernador de Brasilia, del bloque demotucano, asomado a su celda de la Policía Federal y esperando que algún milagro lo libere del escándalo. Pero es difícil sobrevivir a filmaciones donde un grupo coimea y los coimeados guardan el dinero hasta en las medias.
Aunque no figura en la táctica de campaña, una carta del PT es la confianza en los pronósticos según los cuales los vaivenes del juicio de Arruda serán constantes, y que pasado el Carnaval el tema levante el nivel de exposición pública. Con una ayuda: desde los escandaletes de 2005 y 2006 relacionados con figuras del PT, el segundo mandato de Lula, que concluye el 1° de enero de 2011, no estuvo atravesado por ninguna denuncia de corrupción contra dirigentes oficialistas.
Por los treinta años del PT, Lula filmó un corto publicitario. Camina junto a alcaldes, gobernadores y ministros junto a Rousseff y al final usa su sonrisa imbatible: "Yo soy PT, Dilma es PT, todos nosotros somos PT. Y vos, ¿sos PT?". A su lado, una Dilma alegre llama a seguir los cambios "todos juntos".
El programa propuesto por el PT para la aprobación en el Congreso hace hincapié en que al revés de Lula, que recibió una situación envenenada por el peso de la deuda pública en 2003, ahora quedará una "herencia bendita". Y propone un plan basado en el crecimiento, mayores esfuerzos en el tendido de infraestructura y aumento de la coordinación para disminuir las desigualdades sociales y regionales.
Un ejemplo de la propuesta es la expansión del poderoso BNDES, el Banco Nacional de Desarrollo. Otro, que atañe al mundo, comenzando por la argentina, es "la internacionalización de las empresas brasileñas, respetando las leyes nacionales". En el texto la "preservación de la estabilidad económica" está relacionada con "la productividad sistémica", una forma de aludir a la coordinación entre desarrollo, justicia e infraestructura.
Un punto clave es la aspiración a que aumente la industria de derivados de los hidrocarburos, para salir de lo que el PT llama "la maldición del petróleo". No es, sin embargo, una política petrolera: el nuevo presidente del PT que asumirá esta semana es Jorge Dutra, un geólogo que perteneció al gremio de mineros de la Central Única de Trabajadores y con Lula fue directivo y presidente de Petrobras, la empresa nacional de petróleo que el gobierno considera su estandarte para el desarrollo económico.